Cafayate y Amaicha del Valle (15 a 17-01-21)


 Alguien me había comentado en alguna ocasión que había dos tramos de la ruta nacional 40 que se encontraban en muy mal estado; uno de ellos en el sur y otro el que separa Cachi de Cafayate. Naturalmente, no le hice caso; y sí, era cierto, es un desastre completo el camino sin pavimentar. Pero en realidad fue sobre llovido mojado, porque el auto rentado no arrancó a la mañana, se le había muerto la batería. Así que tardamos cuatro horas en recorrer ese camino espantoso bajo un sol inclemente con un auto que, si se paraba, no volvía a arrancar hasta que alguien empujara... 
Creímos llegar en dos ocasiones a Seclantás, famosa por sus ponchos. En realidad es un caserío que no reviste mayor interés. Cuando finalmente llegamos a Cafayate nos alojamos en la Hostería de la Virgen del Rosario, que se encontraba tan limpia que asustaba; de los alojamientos más inmaculados que ví en mi vida. 
Fuimos al Museo de la Vid y el Vino, muy moderno y correcto, pero que no logra emocionar.
A la mañana siguiente nos teníamos que cambiar de hotel por una cuestión de disponibilidad de habitaciones. El mecánico que nos enviaba la rentadora para cambiar la batería nos tuvo tres hora en la calle esperando, primero diciéndonos que venía en quince minutos y luego nos dejó de atender el celular. No creo que el problema fuera sólo para Rent-a-Car Salta; el taller mecánico (cerrado) supuestamente atendía también a Hertz. Es decir que perdimos medio día y finalmente nos mudamos al Hostal la Montaña, donde nos atendieron muy bien. Nos fuimos a Amaicha del Valle (Tucumán); las ruinas de los indios quilmes estaban cerradas por "esto del covid", más allá de que en internet anunciara lo contrario. Almorzamos en la peña El Rancho de la Candelaria (las empanadas tucumanas son más grandes que las salteñas -que en su versión más esencial son casi de copetín- pero menos ricas). No es apto para espíritus delicados a los que les molesten las moscas. Cantaba "El Puma Patagónico", que vive parte del año en Ushuaia y ahora vendía sus vinos artesanales locales. 
En el camino habíamos verificado que Etchart y Quara estaban cerradas. Bodegas Nanni y Salvador Figueroa estaban abiertas e hicimos degustaciones. Comimos helado de vino Torrontes y Malbec (eran de agua) en Il Cavallino y a la noche fuimos a cenar con menú a la plaza.
A la mañana siguiente fuimos a una degustación en Vasija Secreta. Fuimos a Piattelli Vineyards pero no pudimos hacer la visita que queríamos en el tiempo disponible porque se necesitaban reservas previas (los grupos están reducidos por la pandemia); de cualquier modo, la propiedad es a todas luces impresionante. Fuimos a San Pedro de Yacochuya y estaba cerrada; a Domingo Molina no llegamos porque el sendero estaba interrumpido por un río. También visitamos Domingo Hermanos (vinculada con el anterior) y sólo vendían. A la tarde nos dimos una vuelta por El Esteco y tampoco había lugar. Al atardecer hicimos sólo el primero de un menú de cinco pasos en Bad Brothers Wine Experience (de nivel internacional pero con precios locales) y terminamos en una peña en La Casa de las Empanadas.


Comentarios

Entradas populares de este blog

26-09-25 Bariloche III

27/08/25 Bariloche IV

28/09/25 Colonia Suiza